PEDRO SALINAS
(1891-1951)
(1891-1951)
Pensar en ti esta noche
no era pensarte
con mi pensamiento,
yo solo, desde mí.
Te iba pensando conmigo,
extensamente,
el ancho mundo.
El gran sueño del campo,
las estrellas,
callado el mar,
las hierbas invisibles,
sólo presentes
en perfumes secos,
todo, de Aldebarán
al grillo te pensaba.
¡Qué sosegadamente
se hacía la concordia
entre las piedras,
los luceros, el agua muda,
la arboleda trémula,
todo lo inanimado,
y el alma mía
dedicándolo a ti!
Todo acudía dócil
a mi llamada,
a tu servicio,
ascendido a intención
y a fuerza amante.
Concurrían las luces
y las sombras a
la luz de quererte;
concurrían el gran silencio,
por la tierra, plano,
suaves voces de nubes,
por el cielo,
al cántico hacia ti
que en mi cantaba.
Una conformidad
de mundo y ser,
de afán y tiempo,
inverosímil tregua,
se entraba en mí,
como la dicha entera
cuando llega sin prisa,
beso a beso.
Y casi dejé de amarte
por amarte más,
más que en mí,
inmensamente confiando
en ese empleo de amar a la
gran noche errante
por el tiempo
y ya cargada de misión,
misionera de un amor
vuelto estrellas,
calma, mundo,
salvado ya del miedo
al cadáver
que queda si se olvida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario