Los cielos de la luna y las mareas. La sucesión del día y la noche... y hasta el movimiento de nuestras vidas. Todo parece estar regido por ondas. Ondas que obedecen a ritmos determinados. Será tal vez por eso que las olas del mar ejercen sobre nosotros tanta atracción. Ellas son la cara visible de aquellas ondas que estimulan la evolución de la vida. Quien no se ha quedado largos momentos contemplando el mar, ensimismado por su movimiento continuo, hipnotizado por el ciclo que hace nacer una ola, que la hace crecer hasta alcanzar su máxima altura. Para luego romper y disolverse en la arena dejando una huella que apenas nos permite entrever los grandes secretos del universo




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